Desde el ingreso en la UE, el Estado español ha recibido unos 93.000
millones de euros (5.275 euros por persona, si se hubieran repartido).
Pero el grifo se cierra. En 2013, la economía española dará a Europa más
de lo que reciba.
La última reforma de los fondos estructurales de la Unión Europa, cuya
vigencia se alargará a lo largo del periodo 2007-2013, marcó una línea
muy definida en cuanto al reducido esfuerzo presupuestario que los
países miembros están dispuestos a realizar para tratar de aumentar el
grado de convergencia entre las muy divergentes economías que
actualmente la integran.
Albero Montero Soler
Diagonal De entrada, los cuatro fondos estructurales previamente existentes, y a
los que había que añadir el Fondo de Cohesión, se ven reducidos a tres :
el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, el Fondo Social Europeo y el
Fondo de Cohesión, que, con la nueva reforma, pasa a ser también
estructural. Pero, lo más significativo de la reforma no ha sido la
reestructuración de los fondos ni la ampliación de los objetivos a los
que se destinarán sus recursos. Lo más relevante ha sido la reducción
del presupuesto de la Unión Europea para el próximo periodo 2007-2013.
Consecuencias en toda Europa
Así, si en el periodo 2000-2006 el presupuesto comunitario suponía el
1,24% del PIB agregado, en el nuevo periodo será sólo del 1,04%, con el
agravante de que las disparidades económicas y sociales entre países y
regiones dentro de la UE se han incrementado de una forma brutal tras
las últimas ampliaciones.
Sirva como referencia que mientras la población de los nuevos países
supone el 20% del total comunitario, su PIB es sólo del 5%. La
repercusión de ambos fenómenos (ampliación de la UE con una serie de
países que se encuentran muy por debajo de la media comunitaria en PIB
per cápita y reducción del presupuesto) no va a ser menor para España y
ya ha comenzado a tener consecuencias. Si hay algo que nadie puede
cuestionar es la importancia que han tenido los recursos que España ha
recibido de la Unión Europea bajo la forma de Fondos Estructurales y los
Fondos de Cohesión desde su ingreso en la misma en 1986.
Desde su adhesión a la Unión Europea, el saldo neto de recursos
recibidos ha sido superior a 93.000 millones de euros. Esos fondos han
supuesto, como media anual y en términos netos, un 0,8% del PIB o, lo
que es igual, alrededor de 5.275 euros por habitante a lo largo del
periodo, esto es, unos 260 euros por habitante y año, lo que ha
contribuido de forma decisiva a que el diferencial de renta per cápita
español con respecto a la media comunitaria se haya reducido en casi 20
puntos en esos años. Todo ello habría repercutido, según diversos
estudios, en que los fondos europeos habrían aportado en torno a un 0,4%
a la tasa de crecimiento de la economía española.
Pues bien, ese maná va a dejar de caer con esa intensidad en el periodo
2007-2013. Si bien España no dejará de ser perceptora neta, los ingresos
que le corresponderán serán de unos 31.000 millones de euros para todo
el periodo, es decir, en torno al 50% de lo que recibió en el periodo
anterior ; un recorte que tiene una desigual incidencia a nivel regional
por cuanto afectará más, como es lógico, a aquellas regiones cuya renta
per cápita ha ido convergiendo más con la media europea. En términos
netos, esto se traduce en que en 2013 España habrá recibido en torno a
5000 o 6000 millones de euros y, a partir de ahí, lo siguiente será que
pase a convertirse en contribuidora neta.
Bien es cierto que la negociación del presupuesto para el periodo podía
haber sido mucho peor para los intereses españoles puesto que, por
ejemplo, no se dejan de percibir los Fondos de Cohesión que están
reservados para aquellos Estados cuyo nivel de renta per cápita se
encuentra por debajo del 90% de la media comunitaria.
Pero, en cualquier caso, lo preocupante es que, a pesar de que en
términos de renta per cápita se ha producido una acelerada convergencia
con Europa –acentuada por el efecto estadístico tras la ampliación que,
de golpe, ha aumentado casi diez puntos nuestra renta en relación con la
media europea–, los déficit reales y sociales de la economía española
hubieran seguido requiriendo de una inyección continuada de recursos.
Recursos que, como el maná, cada vez serán más escasos.