Desde los gobiernos democráticos occidentales, el español incluido, y el apoyo incondicional de los distintos medios de comunicación, se aplaude, abiertamente, el proceso de referéndum en Bolivia. Eso sí, ponen el grito en el cielo si el que en este país se propone algo similar.
Por supuesto, hay direncias notorias. En ese país manda alguien que no le cae bien a los poderes económicos y éstos, con actitud maniquea, catalogan a un lado los buenos: dóciles y obedientes, y al otro lado los malos; por lo general lo que cuestionan sus métodos de especulación que generan miseria, hambre y muerte.
Sin duda, todo esto puede parecer exagerado y sin base de ningún tipo. Por ello, os proponemos que leáis el siguiente artículo, publicado, como tantos, en el Foro Social de Jaén y que proviene de la
Agencia boliviana de información. En él podréis ver unos testimonios de personas que sufren o han sufrido ese trato "especial" del brazo del poder económico.
El nacionalsocialismo y la falange joseantoniana son el sostén
ideológico de los grupos racistas y defensores del esclavismo.
Desgarradores testimonios de guaraníes han confirmado que en pleno siglo
XXI ganaderos latifundistas de Alto Parapetí, de la provincia Cordillera
del departamento de Santa Cruz, los someten y esclavizan sin
contemplación en esa región del Chaco boliviano.
A eso responde, dijeron muchos guaraníes, la negativa de los ganaderos a
que el Instituto de Reforma Agraria (INRA) ingrese a esa región para
realizar el saneamiento de tierras, para evitar que se descubran que
existen comunidades cautivas donde sus habitantes son sometidos a
presiones psicológicas y físicas a cambio de alimento y algo de ropa
usada.
"Cuando alguien reclama a fuerza de látigo nos hacen callar, cuando
alguien se escapa también recibe látigo y cuando no llevamos nuestra
herramienta para trabajar nos echan diciendo no hay trabajo fuera de
nuestras tierras", señaló uno de los muchos testimonios difundidos hoy
por la red Erbol.
Los relatos revelaron que los patrones (hacendados y ganaderos) no sólo
acuden a la presión psicológica o a la física, sino que vulneran la
dignidad de las mujeres guaraníes que en muchos casos son violadas, y
que también se han registrado asesinatos, y que pese a que fueron
denunciadas la justicia, esta nunca se ha pronunciado.
"En toda la Capitanía de Alto Parapetí nadie da un buen trato a nuestros
hermanos y eso es triste cuando empezamos a recordar sobre el abuso
psicológico, físico, hasta violaciones a las hijas de nuestros hermanos
y asesinatos también. Se ha denunciado, pero las autoridades no hacen
justicia cuando se hace la denuncia", aseguró Fidel Cejas, dirigente de
la Capitanía de Alto Parapetí.
TESTIMONIOS
Benito Segundo
"He nacido en Villa Mercedes, ya no estoy ahí, conozco cuántos familias
viven en cada comunidad cautiva, hasta vergüenza me da decir que los
propietarios de ahí no tienen consciencia de la gente pobre guaraní que
está ahí".
"Yo era mozo, mi obligación era acarrear agua para las gallinas y otras
cosas, no se conocía el pago, solo nos daban nuestro desayuno y nuestro
almuerzo nada más".
"Me acuerdo que el pago que le hacían a mis padres, tíos y parientes era
que cada año nos daban ropa para el carnaval. Comíamos en un plato
grande, chua lo llamamos aquí porque es hecho de madera. No había platos
individuales, unas siete u ocho personas comíamos de una chua".
"Nunca me voy a olvidar que mis pies se ponían verdes, nunca me voy a
olvidar porque mis abarcas viejas se soltaban en el Chaco. No había
enfermeros, alguna vez el patrón nos daba algunos calmantes".
"Han salido de ese lugar cerca de 80 familias porque hemos reclamado
mejor trato, pero el patrón nos ha votado. Las 80 familias están muy
mal, tal vez algunos mejores porque han alcanzado ser profesionales como
albañiles. La mayoría no tiene ningún tipo de apoyo".
Miguel Gonzales (60 años) de Alto Parapetí
"He trabajado en ganadería, de vaquero, como administrador, pero ha
pasado el tiempo y me ha desconocido el señor Óscar Peña (el patrón) y
me sacó de su finca, eso lo ha hecho por no indemnizar por los años de
trabajo, porque eran muchos".
"Al mes me pagaban 300 bolivianos en ropa y comida. Mi madre también era
pagada con ropa. Esté enfermo o no igual hacía las cosas. Para ellos no
podíamos enfermarnos. Le digo que Dios me escucha, he votado lágrimas y
no puedo olvidarme cómo eran los tratos. Aguantamos por temor y porque
no hallamos dónde irnos".
"Como éramos humildes nos amenazaban y nos metían huasca con lazo, con
lo que sea, hasta cinco huascas si uno se atrevía a levantar la voz. Uno
no es digno de levantar la voz y decir por qué del abuso. Si uno se
escapaba era encontrado y le metían huasca. Donde yo vivía había 40
personas para un solo patrón".
Minisa Salero (53 años)
"Desde niña he crecido en la casa del patrón, desde los siete años ya
llevaba comida a largas distancias donde sus peones. Con mi madre
sufríamos mucho y cuando mi madre se reveló porque me hacían trabajar
mucho ha perdió la vida en la hacienda".
"Ya estoy mayor, pero no tengo una tierra para cultivar, el patrón viene
y nos quiere sacar de nuestra casa. Vivimos en una casa con mis hijos,
pero el patrón quiere sacarnos. El padre nos ha explotado y ahora es el
hijo el que nos sigue explotando".
"Sigo trabajando para ganarme la vida, sigo llegando donde el patrón
para que me de algo de alimento, trabajo y me paga con alimento. Desde
mis abuelos, mis papas, nosotros y mis hijos seguimos trabajando para
esa gente".
Ismael Chávez, de la comunidad La Colorada, de la capitanía de Alto
Parapetí, provincia Cordillera.
"Nosotros trabajamos de seis a seis y a veces de noche con nuestra
propia herramienta, ni así nos pagaban bien los patrones. Hacíamos todo
como sembrar pasto, el chaqueo, fumigamos, ordeñamos, todo hacíamos. Si
no llevamos nuestra herramienta no nos da trabajo. Nos da un jornal de
12 ó 15 pesos con víveres".
"Para la ropa nosotros tenemos que salir a trabajar a lado de Santa Cruz
para ganar para nuestra ropa, pero no reconocen de nuestra herramienta,
y cuando decimos algo nos dicen no hay trabajo y váyase".
"En este lugar ahora hay mucha gente que trabaja, los que están
bloqueando son los que estamos trabajando en esa propiedad. Yo me he
salido calladido nomás hace 10 días, ellos no saben, ya 10 días que
estoy acá".
Fidel Cejas, dirigente de la capitanía de Alto Parapetí.
"Nosotros vivimos una cruda realidad en Alto Parapetí, es importante
hacer conocer que hay esclavos. Desde muy chico me he quedado en
hacienda como mozo, porque mi padre murió, y trabajaba en todo lo que se
tiene que hacer, porque no hay trabajo específico".
"Tenía que levantarme a las cuatro de la mañana para preparar el mate y
ensillar el caballo. Pero a uno no le pagan. Por ejemplo, hasta que he
tenido mi pareja no he sabido que era plata (dinero), solo recibía ropa
y comida".
"En toda la Capitanía de Alto Parapetí nadie da un buen trato a nuestros
hermanos y eso es triste cuando empezamos a recordar sobre el abuso
psicológico, físico, hasta violaciones a las hijas de nuestros hermanos
y asesinatos también. Se ha denunciado pero las autoridades no hacen
justicia cuando se hace la denuncia".
"Ellos no quieren que se descubra de todo el maltrato que hacen con
nuestros hermanos, porque no dejan sembrar porque uno tiene que estar
trabajando con ellos permanentemente, más es la deuda, deuda y deuda de
nosotros, porque muchos no sabemos ni leer ni escribir".
"Nunca hemos visto dinero, todo nos han pagado con víveres, con ropa una
vez al año, ellos (ganaderos) son los que compran. Lo demás nosotros
teníamos que comprarnos vendiendo nuestras gallinitas".
"Nosotros tenemos certificado de nacimiento y carnet de identidad, pero
cuando se hacen las votaciones vivimos una situación crítica, porque los
patrones y los terceros nos obligan a votar por uno y después sacan su
alcohol".
"Por eso decimos que somos esclavos, nosotros dependemos de ellos y no
respetan nuestros derechos. Cada patrón maneja a sus esclavos como
quieren en las elecciones y ellos saben si no votamos como ellos
quieren, y el que no vota lamentablemente tiene que irse de su terreno".