Tras la finalización de las campañas agrícolas, los temporeros tendrán
que marcharse ante la imposibilidad de 'engancharse' a la construcción
Cada año se marchan de sus pueblos alrededor de 4.200 jienenses, que
encuentran acomodo laboral en empresas relacionadas con el turismo
JORGE PASTOR
Ideal
Una de las conclusiones más relevantes de la última 'oleada' de la
Encuesta de Población Activa (EPA) es que la crisis inmobiliaria ya está
pasando factura al empleo. A finales de 2007 había 34.200 albañiles; a
finales de marzo esta cifra se había rebajado un 8,2 por ciento, hasta
31.600. Y las previsiones indican que dentro de tres meses, cuando se
vuelvan a hacer públicos los resultados de la EPA, esos 31.600 serán
bastantes menos. Los especialistas dicen que por cada casa que se deje
de hacer irán a la calle 2,3 peones. Hagan cuentas. Se calcula que la
provincia puede pasar de las 8.400 viviendas que se iniciaban anualmente
en la época del 'boom' de la edificación a 4.700, la mitad, lo que
aumentaría el paro en este gremio en unas 10.800 personas. Esta
coyuntura es la que va a provocar que la huida de trabajadores hacia la
costa en verano, donde la hostelería demanda mucho personal, sea mucho
mayor que en otras ocasiones. Sí, el itinerario laboral de muchos
jienenses empieza con la vendimia en Francia, sigue con la aceituna en
Jaén, continúa con el espárrago de Navarra y debería proseguir con la
construcción. Pero ahora la cadena se ha roto. Falla el último eslabón.
¿Qué posibilidades hay? Pues a muchos no les quedará otra que 'hacer los
hoteles', una opción que implica coger el petate y marcharse del pueblo
durante varios meses, hasta que las playas se queden vacías y los
establecimientos echen el cierre hasta la siguiente temporada.
Normalmente se van cada año unos 4.200 'currelas'. No hablamos de una
cifra aproximada ni de una estimación arbitraria. Según el informe sobre
movilidad geográfica que publica el Servicio Público Estatal de Empleo,
en 2005 -último dato disponible- salieron de Jaén en busca de mejor
fortuna un total de 52.139 almas, de las que el 8,1 por ciento -los
citados 4.200- fueron a complejos hoteleros, bares, restaurantes y
cafeterías situados en destinos de litoral como la propia Andalucía,
Murcia, Baleares, Comunidad Valencia o Cataluña. Esta 'fuga' tiene mayor
repercusión sobre los pueblos más pequeños y con menos alternativas, y
se hace especialmente patente en comarcas como la de Segura, Sierra
Mágina o El Condado. Los jóvenes se van y los viejos se quedan. Así de
duro.
El sueldo de un año
Los que se vayan saben que en el plazo de seis meses podrán ganar lo
mismo que en Jaén en doce, lo que compensa el sacrificio que supone
dejar atrás a familias y amigos. Y es que no se trata sólo de los
réditos que les reporta la nómina, que habitualmente contempla
gratificaciones voluntarias que disparan las retribuciones por encima de
lo que marca el convenio, sino que hay que tener en cuenta que muchas
veces los patronos soportan importantes gastos de intendencia, como
pueden ser el alojamiento y la manutención. Esto significa que todo el
sueldo que reciben lo pueden destinar íntegramente al ahorro.
Las administraciones no saben cómo acabar con este peregrinaje. Una de
las apuestas más importantes se llama AEPSA, el nuevo nombre con el que
la tecnocracia ha bautizado el PER. Se trata de dinero contante y
sonante -13,9 millones de euros en este 2008- con el que el Estado
financia diferentes obras promovidas por los ayuntamientos (limpieza,
asfaltado de calles, adecentamiento de espacios públicos...). El
objetivo, que los desempleados del Régimen Especial Agrario puedan
llegar al cupo de 30 peonadas que se les exige para acceder al subsidio.
A juicio del secretario de Acción Sindical de Comisiones Obreras en
Jaén, Francisco Poza, el AEPSA cumple el fin de garantizar el
mantenimiento de la renta, pero no soluciona el problema de fondo, que
no es otro que la falta de alternativas en las zonas rurales,
excesivamente dependientes del monocultivo del olivar. «El AEPSA forma
parte de lo que se denominan 'políticas activas de empleo', y cuenta
además con una importante consignación presupuestaria, pero que no deja
de ser un parche que permite que la gente mantenga sus ingresos, pero
que no genera valor añadido ni diversifica la economía de los municipios
en los que se realizan estas inversiones», comenta Francisco Poza, quien
agrega que el futuro pasa por un cambio del modelo productivo en el que
se prime la industria.
Respecto a los damnificados del 'ladrillo', Francisco Poza manifiesta
que ya se observan bolsas de paro derivadas de la paralización de la
actividad y advierte de que esta situación se notará en el tradicional
éxodo de mano de obra hacia puntos turísticos. «En cualquier caso
-señala- los planteamientos deben hacerse con carácter general y el
Gobierno debe abordar, en el marco del diálogo social, cómo recolocar
todos los desocupados que se produzcan tanto en la construcción como en
los servicios, que también experimentarán un importante retroceso como
consecuencia de la caída en los niveles de consumo». Y agrega que se
deben solventar dos déficits fundamentales: por una parte, la falta de
formación, y por otra, la potenciación del sector secundario, el único
capaz de asumir todos estos excedentes.