Por Raúl Gutiérrez http://www.ipsterra viva.net/ LA/viewstory. asp?idnews= 1200
Boff participó en las conmemoraciones del crimen para ser
testigo de la "resurrección" espiritual de Romero, conocido por los católicos
salvadoreños como "la voz de los sin voz".
El ex sacerdote franciscano
brasileño consideró "una deuda que tenía con monseñor Romero" esta visita
pendiente a San Salvador, de cuya diócesis el homenajeado era arzobispo.
"Óscar Romero murió por causa de su amor a los pobres. Él inaugura un
tipo de martirio por la justicia que nace en un compromiso de fe. En el fondo,
imita lo que Cristo hizo", dijo.
La oficial Comisión de la Verdad
concluyó en 1993 que el fallecido mayor Roberto d'Abuisson ordenó su asesinato.
El Vaticano inició el proceso de beatificación de Romero.
La Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) responsabilizó en 2000 al Estado
salvadoreño de la "violación del derecho a la vida" de Romero y de "la falta de
investigación" del crimen.
En octubre pasado, el gobierno se negó ante
la CIDH a aceptar la responsabilidad y a aceptar las recomendaciones.
Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, fue objeto
de varias sanciones de la Iglesia Católica en los años 80 y 90 a causa de sus
críticas, sintetizadas en "La iglesia, carisma y poder", uno de los 60 libros de
su autoría, publicado en 1985.
El entonces director de la Congregación
por la Doctrina de la Fe del Vaticano, Joseph Ratzinger, quien hoy es Papa con
el nombre de Benedicto XVI, le impuso varias de esas sanciones, entre ellas el
silencio forzado, por el cual no podía oficiar misa ni hacer referencia pública
a cuestiones doctrinarias.
Finalmente, Boff dejó en 1992 la orden
franciscana y se dedicó de lleno a la enseñanza y la escritura.
Para el
teólogo brasileño, Romero se convirtió en una "referencia no sólo de la Iglesia
sino de otro tipo de humanismo, de búsqueda de diálogo, de saber estar de lado
de los más vulnerables, y esto implica rescatar la dignidad del ser humano y
reclamar cambios que la garanticen".
Y eso "fue entendido como algo
subversivo", y, por lo tanto, "fue sacrificado" , aseguró.
Lo que sigue
es un breve diálogo que Boff mantuvo con IPS en San Salvador.
IPS: --
¿Cuál considera usted que es el principal obstáculo para no aclarar el crimen de
monseñor Romeo?
LEONARDO BOFF: -- La sociedad tiene que limpiar su memoria.
Sólo así se hace justicia. Las relaciones humanas no pueden construirse sobre la
mentira y la impunidad.
Es fundamental que la misma sociedad exija la
identificació n de los criminales y la aplicación de las leyes. Sin eso siempre
habrá una herida abierta y reclamos de dignidad para la sangre derramada.
-- Los que están en el poder afirman que eso sería reabrir las heridas
del pasado.
-- Esa es una visión profundamente egoísta porque quienes
murieron siguen perteneciendo a la humanidad. La historia humana está hecha por
muertos y por su dignidad, por sus acciones.
Es preciso rescatar la memoria
de las víctimas, sin la cual la sociedad pierde su densidad humana. Los muertos
tienen otra forma de vida y presencia. Están del otro lado de la vida.
-- Monseñor Romero fue un obispo apreciado y querido en todo el mundo.
En varias catedrales europeas, incluso, han erigido estatuas en su nombre. ¿Por
qué aquí, en El Salvador, aún no se pueden encausar a los culpables del crimen?
-- Óscar Romero es un mártir singular. Murió por la justicia, por su amor a
los pobres. Es un tipo de santo que no es frecuente en la historia de la
Iglesia. Inaugura un tipo de martirio por la justicia que nace en un compromiso
de fe. En el fondo, imita lo que Cristo hizo. Por eso entiendo que el poder
religioso tenga dificultad de leer ese signo nuevo; no sabe cómo interpretarlo.
-- En décadas pasadas se consideraba que el vínculo entre la Iglesia
Católica y los pueblos latinoamericanos era muy intensa, cercana y fuerte. ¿Cómo
lo percibe ahora?
-- Casi la mitad de los católicos viven en América Latina.
Entonces, es, por sí misma, una fuerza. Pero la Iglesia Católica también es su
capacidad de recreación de un rostro nuevo, litúrgico, más adaptado a las
culturas. Una Iglesia que recoge las memorias de la sabiduría, de las culturas
antiguas, indígenas y negras. Es una Iglesia que está naciendo todavía.
Hasta ahora era un apéndice, un reflejo de la Iglesia europea. Ahora es cada
vez más y más una Iglesia fuente y que está consolidando su identidad propia.
-- Otras Iglesias no católicas han ganado terreno en América Latina. La
Iglesia Católica ha perdido feligreses aquí. ¿Cómo explica ese fenómeno?
--
La Iglesia pierde feligreses por su propia culpa, por ser demasiado autoritaria,
centralizada. Tiene insuficiencia de ministros porque no acepa que se casen, y
esto es cada vez más un elemento de crisis interna permanente.
Esta Iglesia
no se abre como lo han hecho las otras. Incluso el judaísmo se abrió a las
mujeres. Si la Iglesia Católica no se abre, su grey va ha disminuir cada vez
más.
A pesar de eso, la Iglesia Católica tiene irradiación desde las bases,
centros bíblicos, pastorales sociales de la tierra, de los negros, de los
indígenas, que es donde está su vitalidad.
-- ¿Hay relación entre el
fenómeno de la fuga de fieles y el movimiento católico de la Teología de la
Liberación, que hace tres décadas era muy fuerte pero perdió liderazgo y fue
descabezado?
-- Las investigaciones muestran que la Iglesia crece donde está
vigente la Teología de la Liberación. Donde no, entran las iglesias carismáticas
y las sectas. Esto se ha comprobado estadísticamente.
Es falso también que
la Teología de la Liberación haya disminuido la cantidad de feligreses de la
Iglesia Católica. Creo que se ha intentado desmoralizar e ilegitimizar a la
Teología de la Liberación, y, como consecuencia, se han resignado muchos
cristianos que no entienden cómo el Papa y los obispos pueden estar del lado de
los opresores, de los ricos, y no del lado de los pobres.
-- ¿Cuáles son
los retos de la Teología de la Liberación para rescatar este espíritu, ahora
opacado?
-- En el reciente foro mundial de la Teología de la Liberación en
Nairobi, con representantes de Asia, África, América Latina, Europa y Estados
Unidos, hemos visto su inmensa vitalidad y crecimiento. Pero no es tan visible
ni tan polémica como antes. La Teología de la Liberación está presente allí
donde las iglesias toman en serio a los pobres y a la justicia.
El
movimiento nació de la experiencia de escuchar a los pobres, a los indígenas, a
los negros y a las mujeres marginadas, y está tan vigente como hace décadas,
porque los pobres todavía le gritan a Dios para que los escuche. El evangelio
que no libera no es evangelio.
A mí no me importan mucho las críticas de los
pudientes de este mundo y de la Iglesia. A mí me importa que hayan cristianos
que tomen en serio el tema de la justicia.
La Teología de la Liberación no
ha hecho de los pobres un objeto de reflexión. Ha caminado con ellos, ha sufrido
las persecuciones, calumnias, torturas y asesinatos que ellos sufrieron. El
teólogo tiene un pie en la miseria y uno en la reflexión, y une los dos y así
llega la liberación.
Ahora también debe atenderse el grito de los
pandilleros y de los jóvenes que no tienen ningún lugar en la sociedad, los que
sobran, sin políticas públicas que los contemplen: los drogadictos, los
entregados a la violencia, los condenados de la tierra.
Pero también a la
Tierra, las aguas, los bosques y los animales, amenazados por una cultura sin
piedad ni sensibilidad, y que puede llevar a una crisis del sistema de la vida
con la desaparición de centenares de especies.
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