“El alta sanitaria a veces es una mala noticia”
Cáritas advierte de la cada vez más estrecha relación entre exclusión social y salud precaria. El 19,9% de la población en España en ambas situaciones y muchas personas reciben pensiones que están por debajo del umbral de la pobreza.
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“Yo tenía un negocio de un bar y nos estafaron ocho millones y medio en el traspaso. A los cuatro años tuvimos que dejarlo y no pudimos pagar el piso. Lo perdí todo. Murió mi padre y a los quince días le dio la primera embolia a mi madre, y me he quedado solo. Porque mi pareja se marchó, después de doce años se marchó.”
Así explica su historia Alberto. Nunca ha dejado de trabajar en lo que ha encontrado pero diversas situaciones le han llevado a vivir en una situación de exclusión. Desde hace dos años, su madre está ingresada en el hospital y él pasa las noches con ella; cuando duerme fuera debe buscarse la vida porque, como él explica, con los 417 euros de PIRMI (ayuda oficial de renta mínima) que recibe “no vives”.
A María lo que le llega por el PIRMI es todavía menos. Son poco más de 300 euros y “sólo el alquiler son 206 euros sin contar el agua, la luz y el gas”, dice. Una disminución le impide trabajar y la falta de recursos hace que una vez al mes tenga que acercarse a Cáritas para recoger algunos alimentos.
Precisamente Cáritas Diocesana de Barcelona recoge los relatos de María, Alberto y muchas más personas en el informe Vidas rotas. Pobreza y salud precaria, que evidencia la relación entre la precariedad en la salud y la exclusión social. “El derecho a la salud va más allá del acceso a la tarjeta sanitaria y un buen servicio de atención sanitaria. Es necesario una nueva comprensión de la salud que también tenga en cuenta otras condiciones como la económica y la social”, afirma el director de Cáritas Diocesana de Barcelona, Jordi Roglà.
Como señala el responsable de esta entidad, “el 19,9% del total de la población en España está afectada por esta situación”. “La cifra de 8 millones de personas que viven en la pobreza en España se mantiene, lo que es cierto es que en los últimos veinte años hemos pasado de 4 millones de personas en extrema pobreza a 1,8 millones”, añade.
Cada vez más, estas personas a las que se refiere Roglà suelen ser mujeres solas con cargas familiares, jóvenes sin recursos y gente mayor sola y también sin recursos suficientes. Según el estudio de Cáritas, con datos que se refieren a Cataluña pero con algunas conclusiones que pueden extrapolarse al resto del Estado, la mitad de las personas atendidas por la entidad no tienen su documentación en regla y, por lo tanto, “no entran en las estadísticas”, dos de cada tres personas no tiene ingresos fijos y muchos tienen pensiones que son insuficientes. “No puede ser que el alta médica sea una mala noticia para muchos”, advierte Jordi Roglà.
Pensiones por debajo del umbral de la pobreza
Aunque las personas que se dirigen a Cáritas viven situaciones muy diversas, todas ellas comparten problemáticas similares. La más importante es la “falta de protección social”, el hecho de que reciban subsidios y prestaciones tan mínimas y “bajo el umbral de la pobreza” que “perpetúan su situación y crean dependencia”, apunta Anna Jolonch, del Servicio de Estudios de Cáritas.
En Cataluña, por ejemplo, el Parlament fijó el umbral de la pobreza en 531,9 euros, pero “la pensión mínima real es de 402 euros”, dicen desde Cáritas. Según la ONG, esta situación afecta a la mitad de las personas que en Cataluña viven en situación de exclusión y se podría solucionar si la Generalitat invirtiera “un 1% de su presupuesto”.
Otra característica que se repite es “la necesidad de sentirse útiles” y el sentimiento de soledad que también “lleva a enfermar”, dice Jolonch. Eso es lo que, por ejemplo, le pasa a María; “tengo problemas de autoestima”, explica, y añade que a menudo se pasa por el centro de Cáritas en el barrio de Ciutat Vella de Barcelona para “estar con más gente y hacer relaciones”. La misma situación viven, sobre todo, mujeres inmigrantes con una situación administrativa irregular que se encuentran “solas, sin recursos, con ansiedad y tristes”, apunta Anna Jolonch.
Una protección social integral
Para paliar esta situación, desde Cáritas Diocesana de Barcelona proponen aprovechar actuaciones que en estos momentos se llevan a cabo –en salud mental, toxicomanías, con personas sin hogar…- y hacerlas converger para convertirlas en recursos integrales. Es necesario, dice Anna Jolonch, garantizar una protección social y una política de salud integrales, y contar con un sistema sanitario “más accesible, sobre todo para la población recién llegada”.
Asimismo, es necesario poner en marcha programas dirigidos a mujeres con cargas familiares e incidir en la prevención, añade Jordi Roglà.
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