Una Constitución que se rechaza y nos imponen un Tratado. ¿Esa es la democracia en la que creen?
Prensa Latina
Descafeinado, light, de bolsillo y otros términos similares son los apellidos colocados por la prensa del viejo continente al Tratado de Lisboa suscrito ayer durante una cumbre relámpago de la Unión Europea (UE).
Gobernantes de los 27 países miembros viajaron este jueves a la capital portuguesa para estampar su firma en un documento ya aprobado por ellos mismos en octubre pasado y que no entrará en vigor hasta 2009, si se cumplen las previsiones.
Se trata de un texto que reforma la proyectada Constitución Europea lanzada en 2004 y que no pudo sobrevivir a las negativas de Francia y Holanda, expresadas en sendos referendos.
El edulcorante agregado a aquella iniciativa presenta ahora un instrumento que debe atravesar un proceso de ratificación parlamentaria, camino escogido para eludir la influencia directa de la ciudadanía de los Estados parte.
De esa forma queda virtualmente eliminada una eventual repetición, por la vía del plebiscito, del fiasco que dio al traste con la propuesta de Constitución.
Para su entrada en vigor en el año 2009, el documento debe ser confirmado por todos los países miembros de la UE.
Después del proceso realizado tras la debacle de la carta magna, el texto suscrito hoy en el Monasterio de los Jerónimos, de Lisboa, no incluye el término Constitución, ni menciona símbolos como himno o bandera.
Como novedad, instaura el cargo de presidente permanente por un lapso de dos años y medio, renovables por una única vez (en lugar de los períodos semestrales), y convierte al actual Alto Representante en vicepresidente.
Igualmente elimina el veto que podía aplicarse hasta ahora en diferentes materias y reconoce la personalidad jurídica de la UE y la primacía del derecho comunitario sobre el nacional, esto último contenido en un protocolo adjunto.
Como parte del funcionamiento serán creados equipos para el trabajo de la presidencia y de los consejos de asuntos generales y sectoriales (economía y finanzas, agricultura, justicia y administración interna y medio ambiente, entre otros).
También se introducen cambios en el sistema de votación para la toma de decisiones y queda reducido de 785 a 750 el número de miembros de Parlamento Europeo, con una distribución basada en el tamaño de la población de los Estados miembros.
En este sentido, ningún país podrá tener más de 96 diputados ni menos de seis.
El Tratado otorga a la UE la competencia exclusiva en los asuntos de política monetaria, comercio y unión aduanera y compartida con los Estados parte en materia de política social, mercado interno, energíae investigación científica.
Toda una compleja madeja de acuerdos, disposiciones, sistemas, arreglos y procedimientos para tratar de tapar el vacío dejado por un proyecto anterior que no prosperó en varias urnas europeas.
Quizás en eso pensaba el canciller portugués, Luis Amado, cuando advirtió en una entrevista a un periódico español que Europa entrará en una crisis política grave si algún país de la UE no ratifica el Tratado firmado en Lisboa.
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