Prensa Latina
"Los pueblos indígenas tienen ahora la oportunidad, no sólo de votar, sino de ejercer el poder", afirmó Menchú el 28 de agosto en una conferencia de prensa ante corresponsales extranjeros.
Es mujer, indígena y de origen humilde, tres limitantes en el sistema guatemalteco para aspirar al más alto cargo público y, sin embargo, Rigoberta Menchú lanzó su candidatura a la presidencia y asegura estar preparada para gobernar.
Se trata de la mujer más destacada de la nación centroamericana en los últimos años y su decisión de lanzarse a la contienda electoral sacudió a una somnolienta campaña que ofrecía, hasta entonces, más de lo mismo a la ciudadanía.
El trayecto no ha sido fácil y arranca desde la diminuta y muy pobre aldea de Laj Chimel, que en idioma k’iché significa Pequeño Estanque de Agua, ubicada a 25 kilómetros al noreste del municipio de San Miguel Uspantán.
Allí, el 9 de enero de 1959 nació Rigoberta, hija de Vicente Menchú Pérez, agricultor y dirigente campesino, y de Juana Tum K’otoja’, quien además de cultivar la tierra ejercía el oficio de comadrona.
Sus primeros años los vivió en su aldea natal y otra parte de su infancia transcurrió en compañía de su familia en las migraciones temporales a las fincas de la costa sur, junto a miles de campesinos sin tierras o con infértiles micro parcelas.
Tras conocer allí los trabajos de la cosecha del café, el algodón, la caña de azúcar y otros productos de exportación, se trasladó hacia la capital del país donde fue empleada doméstica durante varios años.
El 31 de enero de 1980 su vida sufrió un dramático cambio que marcó el rumbo definitivo de sus años siguientes, cuando su padre murió durante el ataque e incendio de la embajada de España por parte de las fuerzas de seguridad gubernamentales.
Cuatro meses antes su hermano mayor, Patrocinio, había sido secuestrado por los militares y, después de torturarlo, fue asesinado. Similar destino corrió su madre el 19 de abril de 1980, sin que se conozca aún el lugar donde quedaron los restos de ambos.
Rigoberta tuvo que salir a México en 1981, donde se encargó de denunciar el genocidio cometido en Guatemala y promover el reconocimiento y respeto a los derechos de los pueblos indígenas.
En 1983 su extensa entrevista ofrecida a la antropóloga Elízabeth Burgos titulada "Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia" obtuvo el Premio Casa de Las Américas y alcanzó una gran difusión internacional.
Su contribución a la preservación de la herencia cultural indígena y el respeto a sus derechos básicos a la vida, tierra, salud y educación la hicieron merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1992, lo cual le dio una dimensión universal a su lucha.
Después de la firma de los Acuerdos para la Paz Firme y Duradera, en diciembre de 1996, regresó a Guatemala y en 2004 aceptó el cargo honorífico de Embajadora de Buena Voluntad ofrecido por el gobierno de Oscar Berger.
En febrero de 2007 lanzó el movimiento político Winaq (persona íntegra) para promover su candidatura a la presidencia en las elecciones generales de septiembre de este año, la cual se definió 10 días después en alianza con el partido Encuentro por Guatemala.
A pesar de ser una de las últimas en inscribirse, ocupa el cuarto lugar en las preferencias, detrás de Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza, Otto Pérez Molina, del Partido Patriota y Alejandro Giammattei, de la Gran Alianza Nacional.
Su participación le imprimió un nuevo carácter a este proceso puesto que por primera vez se abrió la oportunidad para los pueblos indígenas de participar directamente en el ejercicio del poder, tras cinco siglos de exclusión y marginación.
Aunque sus críticos le señalan haberse aliado a un partido con nexos con el sector empresarial, Menchú asegura que se trata de una experiencia nueva para indígenas y ladinos pobres, quienes comienzan a aprender los entresijos de la lucha electoral.
Durante la X Asamblea Nacional de la Coordinadora Nacional de Organizaciones Indígenas y Campesinas, hizo suyo el reclamo de los pueblos originarios de pasar de la resistencia al poder.
Allí aseguró que tienen los cuadros capacitados para el ejercicio del gobierno en todas sus esferas y llamó a las comunidades a organizarse para enfrentar las nuevas responsabilidades.
De la Niña de Chimel hasta el Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú recorrió un largo trayecto y ahora enfila hacia un objetivo no menos difícil, la presidencia de la República, porque enfrenta en ella un ordenamiento social conservador, machista y racista.
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