A la cabeza en accidentes y temporalidad y a la cola en inspectores de trabajo. Son datos que ilustran la situación del mercado laboral español, pero con ellos se dan otros abusos para los que no hay estadísticas.
Miguel Ángel de Lucas
Diagonal
Respecto a los problemas de la inspección de trabajo, todos los sindicatos coinciden en un punto: los medios son a todas luces insuficientes.
Semanas de espera hasta cobrar la nómina del mes pasado, acoso psicológico, falta de seguridad y de condiciones higiénicas, no renovaciones para las que no se da explicación o un trato diferente por cuestión de género. Es fácil sentir una vaga sensación de familiaridad cuando alguien habla de estas situaciones. Lejos de verse como una anomalía, ciertas rutinas de abuso en los puestos de trabajo son vistas como algo natural. Se puede hablar de ellas al terminar el horario, pero rara vez saltan a las páginas de los periódicos.
Aunque todas estas prácticas no se pueden detallar estadísticamente, no faltan indicadores que dejan ver un aumento de los abusos de baja intensidad. La tasa de explotación (diferencia entre lo que se produce y el salario que se recibe a cambio) se multiplica a medida que el aumento en el ritmo de producción no se ha visto acompañada de mejoras salariales. La temporalidad, que ocupa el 33% de los contratos y que lleva al mercado español a tener uno de cada cuatro empleados temporales de la Unión Europea, es otra circunstancia que facilitan las actitudes autoritarias en la empresa. Y a ello se suma la escasez de inspecciones de trabajo, que impide tomar medidas. Como contrapeso, a través de nuevos canales de información como blogs, foros, webs y medios críticos, los empleados comienzan a mostrar el día a día en sus puestos de trabajo.
Nos acercamos a esos irritantes abusos cotidianos, de los que nunca se habla al analizar la economía de un país, pero que marcan el día a día de la mayoría de las personas.
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