Mientras la producción global de biocombustible se está expandiendo rápidamente, los expertos discuten sobre la posibilidad de que la quema de alimento para producir energía para vehículos pueda desviar los cultivos comestibles hacia la producción de gasolina y provocar una aumento de los precios, especialmente en los países en desarrollo que ya luchan para alimentar a su pobres.
“La contradicción entre los 800 millones de automovilistas del mundo, que quieren mantener su movilidad, y los dos millones de pobres, que simplemente tratan de sobrevivir, está emergiendo como una cuestión épica ”, dijo Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute (EPI), una ONG con sede en Estados Unidos dedicada a la creación de una economía ecologicamente sostenible.
Un encuentro de la FAO, que se ha desarrollado en Roma durante tres días de la semana pasada, reunió a los expertos internacionales para discutir las consecuencias de la producción de bio-energía en gran escala para la seguridad alimentaria y la biodiversidad.
“La bioenergía representa una enorme oportunidad para los agricultores especialmente en los países en desarrollo – pero también involucra peligros, y queremos ser claros con respecto a esto”, dijo Gustavo Best, Coordinador del Departamento sobre Energía de la FAO.
En una declaración del lunes, sobre los resultados del encuentro, Alexander Müller, jefe del Departamento de Gestión de los Recursos Naturales y Medio Ambiente de la FAO, comentó: “Ha sido la primera vez que se han reunido expertos en bioenergía, seguridad alimentaria y medio ambiente para debatir las importantes relaciones entre estos sectores”.
“Hay ciertos grupos que legítimamente están preocupados de que la bioenergía comprometa la seguridad alimentaria y provoque daños ambientales, pero también puede ser una herramienta importante para mejorar el bienestar de las poblaciones rurales si los gobiernos consideran los aspectos ambientales y alimentarios”.
Los precios de los alimentos fijados por la gasolina.
Mientras los precios del carburante siguen creciendo y aumentan las preocupaciones ambientales, el debate internacional se ha centrado en las consecuencias del hecho que cada vez más recursos se dirijan a la producción de biocombustible en detrimento de la producción de alimentos.
El aumento del precio del petróleo ha hecho cada vez más rentable la conversión de las tierras agrícolas a la producción de carburante para vehículos, y la expansión de la demanda de biocombustibles como el biodiesel y el etanol – producidos a partir de cultivos como el maíz y la caña de azúcar – ya está provocando el aumento de los precios del maíz.
La desviación de una creciente proporción de maíz – el cultivo más difundido a nivel global – hacia la producción de carburante afectará a los precios de los alimentos en todo el mundo. También se espera que crezcan los precios mundiales de trigo y arroz.
“El aumento de la proporción de las cosechas de cereales de Estado Unidos – el mayor productor de cereales del mundo – dirigida a las destilerías de etanol está provocando la subida de los precios de alimentos en todo el mundo”, advirtió Brown. Los EEUU proporcionan cerca de un 70% de las exportaciones mundiales de maíz.
Según las estimaciones de EPI, la cantidad de maíz usado en la destilería de etanol de los Estados Unidos se ha triplicado en los últimos 5 años, pasando de 16,3 millones de toneladas en 2001 a 50 millones de toneladas en 2006.
Brasil, los Estados Unidos y Europa Occidental son actualmente los mayores productores de combustibles de base agrícola. EPI calcula que en 2005 la producción de etanol de Brasil y los EEUU alcanza los 16 billones cada. Brasil, el mayor productor y exportador de azúcar, está convirtiendo la mitad de su producción de azúcar a la producción de combustible.
El hecho de que apenas un 10% de la producción mundial de azúcar se está destinando a la producción de etanol ha provocado la duplicación del precio del azúcar. El año pasado la Unión Europea ha producido más de 27 billones de litros de biocombustible- más de la mitad de su producción de aceite vegetal.
Se ha establecido el objetivo de sustituir el 10% de los combustibles fósiles, utilizados para el transporte en Europa, antes de 2020, así que se espera que crezca la demanda de biocombustibles. En Asia, tanto China como India están construyendo destilerías para etanol.
Las inversiones en la producción de biocombustible, que anteriormente dependían en los subsidios de los gobiernos, ahora están determinadas por la subida del precio del petróleo: si crece el precio del petróleo, crece también el precio de los alimentos, explicó Brown.
Según el último informe de Wahenga, una ONG sudafricana dedicada a la seguridad alimentaria, “se espera que crezcan los precios de los alimentos por dos razones: por el aumento de los costes de producción [puesto que la agricultura moderna se basa en el uso intensivo de carburante] y por el hecho de que los excedentes, que tienen el efecto de deprimir el precio mundial de los cereales, han sido quitados del mercado y dirigidos a la producción de carburante”.
“El ajuste de los precios de los alimentos en relación con el precio de la energía producirá graves problemas sociales”, comenta el informe de Wahenga.
Éxito o fracaso.
El hambre en el mundo y los precios internacionales de los bienes de primera necesidad son un tema complicado, y la relación entre ellos lo es incluso más. El desarrollo rápido de la bioenergía llevará una ulterior incertidumbre en los ya volubles mercados mundiales de petróleo y alimentos.
Joseph Schmidhuber, economista de la División para el Desarrollo Agrícola y la Economía de la FAO, explicó que el impacto del nuevo mercado de la bioenergía sobre la seguridad alimentaria podría ser negativo o positivo, dependiendo del hecho que la economía nacional sea importadora o exportadora de energía y alimentos. Lo mismo pasa a nivel doméstico, indicando que las poblaciones rurales sin tierra y los pobres urbanos son los más vulnerables, y hay que implementar medidas específicas para proteger tanto a los países como a los grupos sociales.
Müller, de la FAO, dijo que “En términos de seguridad alimentaria, la bioenergía tiene sentido sólo si sabemos dónde están las poblaciones inseguras a nivel alimentario y cuales son las necesidades para mejorar sus condiciones de vida”, añadiendo que hace falta un “compromiso internacional para garantizar que no se amenace la seguridad alimentaria y que los recursos naturales se utilicen de forma sostenible”.
Algunos observadores han advertido que el éxito del biocombustible también podría afectar a la ayuda alimentaria. Los Estados Unidos son el mayor donante mundial de ayuda alimentaria, contribuyendo con unas seis millones de toneladas de cereales en ayuda alimentaria anualmente desde 1970. Pero ahora que los agricultores estadounidenses empiezan a vender más de sus cosechas en el mercado de producción de etanol, las contribuciones a la ayuda alimentaria podrían declinar. “El aumento de los precios de los alimentos reducirá la capacidad de las agencias de ayuda alimentaria para proporcionar asistencia”, dijo Brown.
“El mundo necesita urgentemente una estrategia para enfrentarse a la emergente batalla entre alimento y combustibles”.
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