David Llistar i Bosch, Observatorio de la Deuda en la Globalización (observatoriodeuda.org). Càtedra UNESCO de Sostenibiltat de la Universitat Politècnica de Catalunya
Científicamente probado. Ni nuestro consumo produce cambio climático, ni fumar provoca cáncer, ni, si cabe, el DDT es tóxico. Es lo que afirman categóricamente algunos científicos desde plataformas como Junkscience.com, Techcentralstation.com o la web de la cadena Fox. Aparentemente son posturas que -con toda naturalidad- podrían responder a líneas discrepantes con el mainstream científico. Sin embargo tienen todas algo en común que las hace sospechosas.
En primer lugar, quedan integradas en campañas ‘científicas’ que se oponen a leyes públicas que restrinjan el uso de productos considerados como peligrosos. A menudo actúan negando relaciones causa-efecto entre una sustancia artificial y una patología o efecto ambiental pernicioso, y sus consecuencias judiciales. En segundo lugar, los científicos que las defienden reciben importantes obsequios de algunas empresas privadas, esto es, de las empresas que producen dichos tóxicos. Exponemos un caso paradigmático de ‘ciencia basura’, el de Philip Morris y el cáncer, y dejaremos para los próximos números los casos de ExxonMobil y cambio climático, el de Monsanto y efectos del Agente Naranja, el de la toxicidad del DDT, o el de la directiva europea REACH.
Caso Philip Morris y cáncer por tabaco. En 1992 la Administración norteamericana publica el informe Consecuencias para la respiración y la salud del tabaquismo en el fumador pasivo, en el que se afirma que el contacto con el tabaco ambiental es responsable de 3.000 muertes anuales a causa del cáncer de pulmón sólo en aquel país. Philip Morris, propietaria de las marcas Marlboro, Chesterfield, Kraft o Nabisco, entre muchas otras, elabora entonces una estrategia para desacreditar tanto el informe como al propio Gobierno. Una empresa de relaciones públicas (APCO) contratada por la tabacalera crea un movimiento de base contra el ‘exceso de normas’ y el temor infundado al tabaco. La campaña incluye “educar a los medios, los funcionarios públicos y la población sobre los peligros de la junk science”. Es decir, la que ellos denominan ‘ciencia basura’. Dicho movimiento (Coalición para el Avance de la Ciencia Responsable -TASSC, en inglés-) se dedica a bombardear la credibilidad de los estudios científicos que relacionan tabaco con cáncer.
Y para tratar de ocultar las pretensiones de dicha campaña, se incluyen otras negaciones científicas. Entre ellas, la del calentamiento planetario. He aquí cuando Philip Morris y la petrolera norteamericana ExxonMobile entran en contacto bajo una estrategia que será común. Así pues, la ética y miles de vidas pisoteadas por científicos mercenarios al servicio de ‘las marcas’.
¿Cuál es la ciencia basura? En el próximo artículo nos centraremos en la generada por el movimiento contra las evidencias del cambio climático, con Exxon- Mobile como patrocinadora principal. Aunque como apunta George Montbiot en fp-esp.com o en The Guardian, ni el movimiento ni su ciencia fueron creados por esta petrolera sino por Philip Morris, hoy rebautizada como Altria.
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